“Los ojos del Señor están sobre los que hacen lo bueno; sus oídos están abiertos a sus gritos de auxilio” Salmos 34:15
Mientras una señora miraba un programa de televisión cristiano, el predicador comenzó a orar por todos los que tenían problemas en sus oídos. Hacía tiempo que ella venía orando para que Dios le restaurara los suyos, en ese momento sintió una sensación extraña en sus oídos, y comenzó a oír, pero oyó un clamor apagado, distante que venía desde el patio, eran gritos que pedían ayuda, sorprendida porque podía escucharlos, se dirigió rápidamente hacia dónde sus dos hijos pequeños estaban jugando, miró por todas partes y no los vio. Siguió buscando, hasta que se dio cuenta que los gritos provenían de una heladera vieja que estaba en el rincón del patio. Con esfuerzo logró abrir la puerta oxidada de la heladera, y allí estaban sus dos niños, quienes saltaron horrorizados a los brazos de su mamá. Ella los abrazó fuertemente y con lágrimas corriendo por sus mejillas no tenía palabras para agradecer a Dios.
¡Dios es maravilloso! Respondió la oración de esta madre cuando más lo necesitaba, y le devolvió la habilidad de oír, pudiendo así, escuchar a sus hijos en peligro.
No importa cuán grande sea la crisis que esté enfrentando, clame al Señor por ayuda ahora mismo. Dios nunca llega tarde, y sus oídos están abiertos, siempre atento a nuestro clamor.
Proclama: "Que en medio de toda crisis mi oración llega a los oídos de Dios"